Vision

“Después de esto miré, y vi una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas. Estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas y con palmas en sus manos”. (Apocalipsis 7:9-17)


Según el profeta de Patmos, la Iglesia es una asamblea de mestizos congregados de todas las naciones en la alabanza del Dios de Abraham, Isaac y Jacob, el Padre de nuestro Señor Jesucristo. Mestizo es una palabra que proviene del latín misceo y se refiere literalmente a una mezcla. El término fue utilizado por primera vez para describir a los niños del encuentro violento entre los padres europeos y las madres amerindias. Ni europeos ni indígenas, estos niños pertenecían a un nuevo pueblo, un pueblo de origen mixto. Pero esta herencia mixta no es simplemente una huella histórica o étnica, es también el objetivo de la existencia cristiana. En palabras del teólogo  mexicano-americano  Virgilio Elizondo, "el futuro es mestizo", y no es a causa de la mezcla étnica, sino porque la nueva humanidad en Cristo es una humanidad mestiza de judíos y gentiles.

En Carolina del Norte, hay congregaciones metodistas prosperas que han incluido intencionalmente a los hispanos y latinos en su vida común. De esta manera, han declarado y hecho manifiesto anticipadamente el futuro prometido por Dios. La Fundación Duke reconoce el profundo impacto que estas congregaciones y sus pastores tienen dentro de sus comunidades frente a los desafíos y las oportunidades de nuestra cada vez más creciente población hispana/latina. El apoyo de la Casa de Estudios Hispanos y la Fundación Duke contribuyen a la vitalidad y la viabilidad de estos ministerios.

Para alcanzar a los hispanos y latinos en el siglo XXI, la iglesia necesita líderes que tengan ojos para ver que todos los ministerios étnicos son provisionales porque el futuro es mestizo. Para los metodistas, ese futuro tiene que ser previsto y buscado intencionalmente de una manera Wesleyana.